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Annus horribilis

     Nadie en aquellos momentos
barruntó nuestros destinos
celebrando en Peguerinos
la nuestra excursión quinientos.
Brindábamos felizmente
para tener un buen año
sin saber acaso el daño
que amenazaba inminente.

     Dos mil veinte y comenzamos
las primeras excursiones:
la Cabrera y sus rincones
Navaverrada por tramos,
Bola del Mundo con nieve,
Pedriza sin empedrar,
la Sierra del Quintanar
y, lejos ya el diecinueve,
fuimos a Cueva Valiente
mientras todos comentaban
como los días pasaban
con un virus subyacente.

     —Dice la tele que en China
los hospitales se llenan.
—Es que los chinos se cenan
cualquier cosa que camina.

     Con los colegios cerrados,
poblaciones confinadas,
mascarillas agotadas
y hospitales colapsados,
el GMSMA, ¡cómo no!
canceló sus excursiones,
y hasta nuevas ocasiones
todo el mundo se quedó
sin trotar piedra ni monte.
Tres meses se hicieron largos;
con encierros muy amargos
y semejante horizonte
solo quedaba esperar
que bajara la infección
de este virus tan matón
para volver a trotar,
pues si en otras profesiones
se impulsó el teletrabajo
no pudo el Grupo —¡carajo!—
realizar tele-excursiones.

     Sin abrazos efusivos,
sin darse choques de mano,
—que, aunque parezca inhumano,
son motivos preventivos—,
poco a poco y con cautela,
mascarilla y sin toser,
y a la hora de comer
cada uno en su parcela,
volvieron las excursiones:
La que fuera un desengaño,
Cabaña del Ermitaño
destruida, ¡qué bribones!
Los tejos del Barondillo
con una nueva emoción,
ser filmados por un drón
comiéndose el bocadillo.
San Pedro con luz de día,
San Pedro con luna llena,
no compartiendo la cena
ni ninguna chuchería.

     Vino la segunda ola,
nos pilló ¡¿desprevenidos?!
estábamos sorprendidos
y esto, pues, ¿quién lo controla?
Dicen que no hay dos sin tres
y se acerca la tercera;
pues igual que en la primera
yo no salgo, ¡ya lo ves!,
en casita confinado
y esperando la vacuna,
solución, sin duda alguna,
a este virus tan malvado.

     Año desafortunado,
año horrendo y espantoso,
amargo e ignominioso,
que solo nos ha dejado
disgustos a tutiplén
que no deseo a ninguno.

¡Bienvenido veintiuno!
dos mil veinte, ¡que te den!

Paco Cantos  1/1/2021

Cabeza Mediana nevada

  Vientos fuertes racheados,
varios grados bajo cero;
no estábamos en enero
para dar tal predicción.
Preparé el termo caliente,
unos gruesos pantalones,
guantes, guetres y crampones,
propio para la ocasión.

     Para ir a Peñalara
en los Cotos nos citamos
¡Ojalá no nos nevara
al empezar la excursión!,
mas no fue tal el problema 
sino otro impedimento:
no quedaba aparcamiento
¡Pues menudo papelón!

  ¡Tranquilos, nadie se alarme!
Cambiaremos las alturas
por los valles y llanuras
con total celeridad,
que esto ya nos ha ocurrido:
cuando algo le sobreviene
el GMSMA siempre tiene
mucha flexibilidad.

  Nos marchamos a la Isla,
a empezar nuestra aventura
al valle de la Angostura,
donde el tiempo se cambió,
y la meteorología,
como por encantamiento,
la nevada, frío y viento,
todo desapareció.

  Un hermoso mirador,
mirador de los Robledos,
que alcanzamos sin denuedos,
fue nuestro primer jalón
desde donde contemplamos
Peñalara despejada,
toda la zona nevada
y unas vistas de impresión.

     La nieve recién caída,
de blancura cubriría
toda nuestra travesía
desde principio a final;
en perfecta conjunción,
la mañana soleada
y la nieve inmaculada
parecía una postal.

  Íbamos muy distraídos
cuando inesperadamente, 
nos sorprendió, de repente,
la hora del tentempié,
y allí, sobre aquella nieve,
cualquier bebida caliente
nos vino perfectamente,
chocolate o consomé.

  Proseguimos por la pista
que, de forma relajada,
tras una cuesta empinada,
nos condujo sin tardar
hasta Cabeza Mediana,
que fue el punto culminante,
ya que de aquí en adelante
todo sería bajar.

  Pero es costumbre en el grupo
testimoniar nuestra estancia
posando, con arrogancia,
en el vértice en cuestión,
con la toma compulsiva
de fotos inolvidables,
como pruebas indudables
de toma de posesión.

  Seguimos nuestro camino
y llegaron los momentos
de tomar los alimentos,
¡mi bocata de jamón!,
que nos comimos sentados,
y aprovechando unos riscos,
le dimos unos mordiscos
y seguimos la excursión.

  Seiscientos metros después
arribamos al collado
de Malabarba, y al lado,
la bajada comenzó,
entre pinos y nevada
con la máxima pendiente,
Antonio, directamente,
al Lozoya nos bajó. 

  Después tan gran bajada
por la pista y llaneando 
nos fuimos aproximando
a donde todo empezó,
y en la zona de la Isla
incólumes y sin daños
Leonor por su cumpleaños
a las cañas invitó.

  Me correspondió esta vez
también, por añadidura,
valorar nuestra aventura
a lo cual no me negué,
y este es, pues, mi parecer:
Por el paisaje nevado
y el día tan soleado
cuatro sicarias daré.

Paco Cantos  9/12/2020

Otra vez al San Pedro

    Empieza la temporada
dos mil veinte-veintiuno
y es algo muy oportuno
y una cosa muy sagrada,
que al San Pedro, nuevamente,
—lo manda la tradición—,
hagamos nuestra ascensión
casi religiosamente.
Muchas veces a este cerro
el GMSMA ya ha ascendido.
¿Cuántas habremos subido?
He contado y, si no yerro,
llevamos una docena,
once veces por el día,
con calor la mayoría,
y otra con la luna llena,
aunque en una sucedió
que acabamos como sopas,
y caladas nuestras ropas
por el agua que cayó.
Mas que ninguno se extrañe
y que nadie se confunda,
que es la decimosegunda
la que esta vez nos atañe.

  Enfilamos hacia arriba
en grupos de diez en diez
—no es ninguna estupidez,
lo manda la normativa—,
y aunque alguno la deteste,
la subida —hay que admitir—
que menos hace sufrir
es la arista noroeste.
Estábamos ya subiendo
cuando una mujer de rosa
tal como una mariposa
nos adelantó corriendo;
quince minutos después,
vimos corriendo a destajo
otra mujer cuesta abajo
¡es la de rosa otra vez!
Casi no la conocía,
era Pilar Matellano,
que de mañana temprano
sube al cerro cada día.
No fue dura la ascensión
a este cerro solitario
cuya cumbre fue escenario
de nuestra inauguración;
y una vez que descansamos 
se entregaron las estrellas, 
y después, con tres botellas
de cava, todos brindamos.

    «Por esta temporada que hoy empieza,
por que pronto pasemos este horror,
brindemos y tengamos la certeza
que el futuro será mucho mejor».

  Proseguimos —con trabajo—,
de una forma aventurera,
por empinada ladera,
hacia el sur y cuesta abajo.
¿La hora del mediodía,
y zona meridional?,
la combinación fatal
de un calor en demasía.
Continuó la bajada
un poco más todavía,
pues solo terminaría 
al llegar a la cañada,
donde el calor fue un tormento
y quedaban, además,
cinco kilómetros más
para ver un yacimiento
no muy espectacular
ni tampoco nada exótico:
un poblado visigótico
llamado Navalvillar.

  Cerca de allí hay una peña
—Peña Gorda se la llama—,
desde la que el panorama
de la sierra madrileña
se contempla y se percibe.
A este mirador subimos
y muchas fotos hicimos
pues, si no, no se concibe
nuestro paso por allí.
De vuelta ya se veía
San Pedro en la lejanía
¿y cuando miré, qué vi?
Más de cien buitres comiendo
a una vaca inanimada,
que muerta, mas no enterrada,
era un manjar estupendo
para aquellos carroñeros
que los perros ahuyentaron,
y a volar los obligaron
dejando los comederos;
al verlos —os lo confieso—
consideré que, quizás
no son tantos, pues hay más
diputados del Congreso.

    Llegamos deshidratados ¡por fin!, al aparcamiento, y sin perder ni un momento, desde allí, desesperados, sin descansos intermedios y con presteza inaudita nos llegamos a una ermita, la Virgen de los Remedios, lugar donde nos tomamos unas frescas cervecitas, y con gracias infinitas pagamos y nos marchamos.

Paco Cantos  16/9/2020

El tejo del Barondillo

  ¿Cuál es el árbol más viejo
de Madrid, comunidad?
Si no sabéis, preguntad,
pues la respuesta es un tejo
de siglos de antigüedad.
  Partiendo de la Angostura,
la excursión no es nada dura;
por un camino sencillo,
pronto veréis la figura
del tejo del Barondillo.
  La Comunidad legisla
que este es árbol singular;
lo fuimos, pues, a observar
partiendo desde la Isla
para luego progresar
  por la margen del Lozoya,
o, más bien, de la Angostura,
que en esta hermosa natura
es donde se desarrolla
nuestra gloriosa aventura.
  Entre pinos y rebollos
tomamos sendas que atajan
por empinados arroyos
que de Asómate de Hoyos,
allá en Cuerda Larga, bajan;
  y tras unos resoplidos
en apenas una hora,
para nada agotadora,
nos quedamos sorprendidos
al ver la deslumbradora
  y sorprendente estructura
d'este árbol tan añejo
que en medio de la espesura
mostró por fin su figura:
un impresionante tejo.

  Junto al tejo más anciano
otros están a su lado;
han crecido de la mano
junto a su primer hermano;
juntos han avejentado,
y es algo muy usual
nombrar al grupo global:
si con pinos es pinar
y con robles, robledal,
cuando hay tejos es tejar.
  Asombra que sean tan viejos
y nos deja muy perplejos,
que en unos tiempos lejanos
los legionarios romanos
vieran estos mismos tejos;
  y aquellos que construyeran
en Segovia el acueducto
puede que se sorprendieran
al ver en este reducto
cómo los tejos nacieran.

  Las doce en punto sonaron
y a la sombra de los tejos
los tentempiés se tomaron
acatando los consejos:
unos de otros separados.
  Cuando bien se desayuna
se hace mejor el camino;
lo siguiente, una laguna
de color verde aceituna;
la superficie —imagino—,
  que el fondo no se veía;
según la cartografía,
este bello fotograma
Raso del Baile, se llama,
aunque raso… poco había.
  Para evitar mucho andar,
bajamos por un atajo
todo el tiempo cuesta abajo.
Dice un refrán popular:
«no hay atajo sin trabajo»,
  y este caso ejemplo es,
que un kilómetro después,
te duelen las pantorrillas,
los cuádriceps, las rodillas
y las plantas de los pies.

  La poza de la Angostura es un lugar apacible; cuando el baño era posible te bañabas con frescura; pero hoy es inconcebible, 
  pues la reglamentación
nos prohíbe el chapuzón
en cualquier alberca o charca
de lo que la sierra abarca,
pero nada hace mención
  a comerse un bocadillo
a la orilla de la poza,
aunque siempre algún listillo
mete los pies y algo goza
refrescando el «pinrelillo».
  Allí, por tanto, comimos
en paz, sosiego y sin prisa;
luego, todos nos reunimos
en una zona más lisa
donde juntos nos hicimos
  nuestra foto colectiva,
mientras, esta vez, un dron
nos filmaba desde arriba,
dándonos una visión
y una nueva perspectiva.
  Nos quedaba retornar
volviendo al punto inicial
y unos refrescos tomar;
y os dejo para acabar
un serventesio final:

  «No podréis encontrar árbol más viejo,
que no haya sufrido innumerables daños,
salvo este colosal y regio tejo
que ya ha cumplido casi dos mil años».

Paco Cantos  15/07/2020

Redondillas de las Guarramillas

     Me preguntaba, quizá,
¿si se anunciaba tormenta,
no me tendría más cuenta
el quedarme en Alcalá?;
     mas siendo representante
de aquesta ilustre ciudad,
por honor y dignidad
me registré en un instante.

  Estrenábamos verano,
justo después del solsticio
y era un día muy propicio,
para el paseo serrano.
  En el puerto nos citamos
todos con las mascarillas,
esta vez no nos tocamos
—que así el virus no lo pillas—,
  y empezamos la ascensión
desde la misma explanada
de allí, de Navacerrada,
no por pista de hormigón,
  sino por otra empedrada
que por los tubos asciende;
su facilidad sorprende,
y aun sinuosa y quebrada
  cuando menos te lo esperas
ya estás en las Guarramillas
junto a antenas y cabrillas
y enseguida recuperas.

     «Qué sentimiento profundo
y hay que ver que bien me siento
cuando en mi rostro da el viento
aquí en la Bola del Mundo.»

     Al fondo se recortaba
la sombría y misteriosa
cumbre de la Maliciosa,
que un poco nos asustaba
     con ese cielo plomizo;
los truenos que ya se oían
nada bueno nos traían.
¿Será aguacero o granizo?,
     algo que en la Maliciosa
—el mismo nombre estremece—
cuando la tormenta crece
debe ser bien peligrosa.
     ¡Ojito con la tormenta!
ponedle todo el sentido,
que el grupo ya lo ha sufrido:
casi un rayo nos revienta.

     San Pedro nos protegió
porque en su cerro ya un día
le rendimos pleitesía,
¿mas fue él quien nos salvó?,
     porque pienso que San Juan...
¡a veinticuatro de junio!
... nos libró del infortunio
evitando el huracán
     y la lluvia presagiada;
así pues, posteriormente,
temperatura excelente,
ni poca ni demasiada.

     Siguiendo con nuestra ruta
bajamos de forma tal
que al collado del Piornal
—eso no hay quien lo discuta—
     llegamos sin sufrimiento
cuesta abajo y por camino.
Algo mucho más cansino,
mas sin apresuramiento,
     fue la subida costosa
por grandes rocas de gneis,
que como todos sabéis,
conforman la Maliciosa.

     En la cumbre señalada
tomamos el tentempié;
no me preguntéis por qué,
pero una cabra amaestrada
     a cambio de unos bocados
se dejaba sin temores
posar junto a los señores
y ser fotografiados.
     Nosotros por nuestra parte
como humanos responsables
a dos metros, y no hables,
que esta vez no se comparte
     ni la bota ni comida,
que no es una cosa buena
meter mano en bolsa ajena
aunque la cabra te pida.

     Desde esta elevación
con inmejorables vistas,
aunque llena de turistas,
y ecuador de la excursión,
     el camino retomamos
de vuelta a Navacerrada,
punto de inicio y llegada
de nuestra ruta. Bajamos
     otra vez hacia el collado
—la Maliciosa está sola
y es más baja que la Bola—,
y después de haber bajado
     otra vez ir hacia arriba
directos a las antenas,
doscientos metros apenas
de pendiente positiva
     y al final la gran bajada.
¡Vaya coñazo, copón,
si es la pista de hormigón!
Mas antes una parada,
     para lo cual elegimos
la estación del telesilla
—la primera Guarramilla—,
descansamos y comimos,
     pues la hora lo dictaba.
El final no fue excitante:
bajada insignificante
y la marcha se acababa
     con el modo habitual
de tomar en Venta Arias
las cervezas necesarias
y despedida cordial.

     Esta vez me corresponde 
como cronista oficial
la valoración final
de la que —mira por dónde—
     fue una marcha relajada
con buena temperatura,
y aunque sin mucha aventura,
siempre será recordada;
     mas acciones temerarias
le restan la puntuación, 
así que en esta ocasión
le daré cuatro sicarias.

Paco Cantos  24/6/2020

¡Ánimo, Nico y Rosana!

     Como apreciamos mucho a nuesta gente,
de forma afectuosa y muy cercana
queremos todos, calurosamente,
dar ánimos a Nico y a Rosana.

     Nico, tómate más cardo mariano,
seguro que te cura y que te sana.
Vuelve pronto a la Granja, que en verano
queremos otra vez verte, Rosana.

     Este momento es, pues, muy oportuno,
y la esperanza cada día crece,
para vernos, sin que falte ninguno,
todos, en la excursión quinientos trece.

Paco Cantos  4/4/2020

Los miércoles encerrados

     Es miércoles, y a pesar
de estar aquí en la ventana,
lamento, de mala gana,
que no me pueda escapar
     de mi casa, y encerrado,
estoy aquí, recluido,
arrestado y detenido.
Coronavirus malvado
     que nos has interrumpido
nuestra actividad más sana,
la mejor de la semana,
nuestro miércoles querido.

     Es miércoles, pero hoy,
si no voy, no es porque llueva,
es que dentro de esta cueva
recluso y cautivo estoy.
     Cuántos miércoles —lamento—
he dejado de acudir,
cuántos miércoles sin ir,
cuántos miércoles, ¡lo siento!
     Si ya desde tiempo ha
el agua el frío y el viento,
un gran estremecimiento,
produce en los de Alcalá,
     ahora pienso que ojalá
cayendo chuzos de punta,
toda la tropa conjunta,
los de Alcalá y los de allá,
     estuviéramos andando
bajo una intensa tormenta,
y aunque fuese muy violenta
marcharíamos cantando.
     ¿Qué es, pues, la felicidad?:
subir a La Maliciosa,
experiencia religiosa,
sensación de libertad,
  con vientos huracanados,
y ocho grados bajo cero,
a primeros de febrero,
¡y hoy nosotros, encerrados!

     Ha llegado el equinoccio,
se ven alargar los días,
es tiempo de romerías,
de diversión y de ocio.
     ¿Y qué es lo que toca ahora?,
algo que siempre se espera,
que, al entrar la primavera,
se acerca el cambio de hora,
     y estamos anonadados,
por las tardes hay más luz,
una hora más, ¡vaya cruz!,
¡una hora más encerrados!

     Me sobran gorros, chaquetas,
guantes, mochila, crampones,
las gafas de sol, bastones,
botas, guetres y raquetas,
     y hasta la crema solar
se está quedando obsoleta,
no hay rayos ultravioleta
y se me va a caducar;
     hay, sin falta, que buscar
alguna otra diversión
que ver la televisión,
y admito sin vacilar
     que, para los confinados,
no hay actividad más sana
que aplaudir en la ventana
por no estar tan encerrados.

     Bendita sea la aguanieve
que cayó en el Ventorrillo,
bendito sea el bocadillo
que se moja cuando llueve,
     bendita sea La Pedriza
que, aunque las piedras detestes,
mejor por zonas agrestes
que reclusión enfermiza.
     Mejor con lluvia y calados,
mejor fríos y ateridos,
mejor hartos y molidos,
mejor que estar encerrados.

     Es un tema de conciencia:
no salir, ¡que nadie vaya
ni a la sierra ni a la playa!,
es tiempo de penitencia,
     y el virus nos ha evocado,
que estamos en la cuaresma,
la actividad del GMSMA
—como todo— se ha parado
     por el virus del demonio.
¡Que se vaya a los infiernos!,
ni los «Miércoles Alternos»
ni «Miércoles con Antonio»,
     que por los hechos citados,
hoy nuestra organización
cambie su definición
a «Miércoles Encerrados».

Paco Cantos  25/3/2020

Lo dice el PRUG

Plan Rector Uso y Gestión, el PRUG, de aquí en adelante, decreto que, terminante, sacó la Administración, con especial atención —la sociedad lo reclama— de dotar de protección la sierra de Guadarrama. Pero leído el decreto, creo que estamos, ¿okey? —esto no es ningún secreto—, todos, fuera de la ley. Expongo a continuación algunas disposiciones que por nuestras aficiones nos incumben un montón: Al llegar a veinticinco deberemos, con decoro, esforzarnos con ahínco en rebajar el aforo, y en las zonas «restringidas» habrá, pues, que ser un lince con acciones atrevidas porque el límite es de quince; y lo dice el reglamento: no valen subdivisiones ni trucos, —¡cuánto lo siento!—,
como en otras ocasiones. Por las zonas de «reserva» se prohíbe caminar, y tus huellas en la hierba te podrían delatar. Además de Peñalara, hay más zonas restringidas, fuera de las permitidas, la multa puede ser cara. Si pernoctas en vivac, una noche sí podrás, el resto las pasarás al raso y con el coñac. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. El delito ya se fragua si dentro de una laguna de Peñalara, uno o una, mete la mano en el agua, y si tocas una rana, eso ya no es que esté mal, es que es una cosa insana: delito medioambiental. ¿Perros sueltos?, ¡no señor!, ni perseguir al vacuno por el equipo perruno; salvo el Bolo que es pastor. No alimentes animales, así que si ves al zorro que te pide, por el morro, comida, no le regales. Ni fotos ni grabaciones a nidos o madrigueras, pues sufren muchas presiones las alimañas y fieras. Mover señalización, poner o quitar un hito puede que sea delito, requiere autorización. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. Recoger alguna piña abierta está tolerado, mas cuidado con su estado, si está cerrada es rapiña. Esto me parece extraño: que recoger setas, ¡coño!, unas tan solo en otoño y otras puedes todo el año. Solo podrán coger moras vecinos empadronados; al GMSMA, pues, ¡señoras!, esto nos queda vedado. Tampoco piedras y rocas tú te las puedes llevar, podrían quedarnos pocas para poder escalar.
     Andando por el jaral
¿no te deja andar la jara?,
pues si alguno la talara, la multa sería brutal. En canchos y cantizales, por muy mágicos que sean, inscripciones y señales desfiguran y estropean. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. No hay que ser escandaloso porque el uso del silbato se castiga de inmediato; habrá que ser silencioso. Las noches de luna llena, linternas muy luminosas a luciérnagas nerviosas les pone, ¡caray qué pena! En La Pedriza los baños con firmeza se prohibieron, y ahora, después de tres años otros ríos le siguieron; el desconsuelo es notorio entre los que aman el baño, ni Venus, ni Purgatorio, ni Sócrates como antaño. Tirar cenizas de un muerto, ¡prohibido!, pero resulta que, ante este futuro incierto, dejo pagada la multa. Nos exigen sacrificios que nosotros aplaudimos: llevarse los desperdicios; ¡nosotros ya lo cumplimos! Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley.

Paco Cantos  14/3/2020

La cueva de Cueva Valiente

     Mis primeras excursiones
al puerto de los Leones,
recuerdos de adolescente;
Cabeza Líjar pasada,
alcanzó nuestra mirada
también a Cueva Valiente.

     Desde aquella expedición
rebosante de ilusión,
la sierra completamente
he visitado con creces;
desde entonces muchas veces
visité Cueva Valiente.

     Pero por varias razones
tras cuantiosas excursiones
y ascensos —curiosamente—,
nunca visité la cueva
cuya presencia da prueba,
del nombre Cueva Valiente.

     En San Rafael quedamos,
desde donde comenzamos
por la pista alegremente,
llamada del Ingeniero,
a finales de febrero,
subiendo a Cueva Valiente.

     Nunca es demasiado tarde
para hacer lo que te aguarde,
y así, merecidamente,
con la emoción que conlleva,
por fin visité la cueva
que existe en Cueva Valiente.

     Todos, pues, muy animados
entre pinos escarchados
por el hielo reluciente,
el paisaje contemplando
y haciéndonos fotos, cuando
vislumbré Cueva Valiente.

     Con hambre de cancerbero,
el bocata montañero
nos comimos ferozmente
siguiendo ya la costumbre,
en lo alto de la cumbre,
cumbre de Cueva Valiente.

     Finalizamos bajando,
al principio resbalando
y luego más suavemente;
no me cansé demasiado
ni se me hizo muy pesado
bajar de Cueva Valiente.

     Dime tú si me acompañas 
por las cuevas y montañas
a trotar valientemente
cuando el GMSMA nos lleva
primero a entrar en la cueva,
después a Cueva Valiente.

Paco Cantos  26/2/2020

La Pedriza sin piedras

Antonio nos convocó: «Excursión quinientos ocho»; ¿mentiría como Pinocho por lo que nos anunció? «... iremos a La Pedriza», —mal empieza la jugada, pues La Pedriza es cansada, sinónimo de paliza—, pero pronto lo arregló: «... no habrá piedras en la ruta, esta vez, sí se disfruta», porque otras veces cansó tanta piedra y tanta roca entre duelos y quebrantos, dirigiendo Paco Cantos, y gente, fue más bien poca. Cuando la convocatoria los gemesmeros leyeron muchos, pues, se lo creyeron; y pletóricos de euforia, vinieron ¡más de cuarenta! Con tantas facilidades… sin grandes dificultades… toda la tropa contenta. Comenzó así la excursión, sin pisar ningún guijarro; yo ya iba viendo el cotarro, pues en esa dirección subiríamos por las zetas, al punto más culminante de forma zigzagueante sin apenas agujetas; y al llegar a ese collado, collado de los Pastores, empezaron los temores —ya lo había imaginado—, pues numerosas pedreras encontraron nuestros pies al dirigirnos después al cerro de las Barreras, un roquedal puñetero que domina la cascada que forma el agua en bajada de lo alto el Ventisquero. Diferentes asistentes, sufrieron castigo eterno como Dante en el infierno, llantos y crujir de dientes, —¡Qué congojas, que agonías, vaya colosal paliza! —¡Estamos en La Pedriza!, ¿es que no lo suponías? Nos quedaba todavía llegar al cerro Ortigoso por terreno pedregoso, que así es esta orografía: áspera, dura y rocosa, mas poco tiempo después la notamos a los pies blanda, suave y esponjosa, cada vez más empinada, bajando hasta el Manzanares entre poblados pinares, por cuesta tan inclinada y descenso en demasía, que a la mañana siguiente me dolían, por la pendiente, los cuádriceps todavía. Pasamos La Charca Verde un sitio que fuera antaño una gran zona de baño, y gratis —que yo recuerde—, pero ahora los forestales con tres mil euros apañan a los bobos que se bañan en las charcas ilegales. Desde aquí, sin sufrimiento; con solo seguir el río llegaríamos, sin hastío, muy pronto al aparcamiento, y en lugar de por la pista volvimos por una senda que el GMSMA recomienda, ¡mucho más excursionista! La próxima de Pedriza no será descafeinada, ni será despedrizada, ni tampoco una paliza, al contrario, yo aventuro que divertida será, y la Pedriza tendrá todas sus piedras, ¡seguro!

Paco Cantos  12/2/2020