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¡Ánimo, Nico y Rosana!

     Como apreciamos mucho a nuesta gente,
de forma afectuosa y muy cercana
queremos todos, calurosamente,
dar ánimos a Nico y a Rosana.

     Nico, tómate más cardo mariano,
seguro que te cura y que te sana.
Vuelve pronto a la Granja, que en verano
queremos otra vez verte, Rosana.

     Este momento es, pues, muy oportuno,
y la esperanza cada día crece,
para vernos, sin que falte ninguno,
todos, en la excursión quinientos trece.

Paco Cantos  4/4/2020

Los miércoles encerrados

     Es miércoles, y a pesar
de estar aquí en la ventana,
lamento, de mala gana,
que no me pueda escapar
     de mi casa, y encerrado,
estoy aquí, recluido,
arrestado y detenido.
Coronavirus malvado
     que nos has interrumpido
nuestra actividad más sana,
la mejor de la semana,
nuestro miércoles querido.

     Es miércoles, pero hoy,
si no voy, no es porque llueva,
es que dentro de esta cueva
recluso y cautivo estoy.
     Cuántos miércoles —lamento—
he dejado de acudir,
cuántos miércoles sin ir,
cuántos miércoles, ¡lo siento!
     Si ya desde tiempo ha
el agua el frío y el viento,
un gran estremecimiento,
produce en los de Alcalá,
     ahora pienso que ojalá
cayendo chuzos de punta,
toda la tropa conjunta,
los de Alcalá y los de allá,
     estuviéramos andando
bajo una intensa tormenta,
y aunque fuese muy violenta
marcharíamos cantando.
     ¿Qué es, pues, la felicidad?:
subir a La Maliciosa,
experiencia religiosa,
sensación de libertad,
  con vientos huracanados,
y ocho grados bajo cero,
a primeros de febrero,
¡y hoy nosotros, encerrados!

     Ha llegado el equinoccio,
se ven alargar los días,
es tiempo de romerías,
de diversión y de ocio.
     ¿Y qué es lo que toca ahora?,
algo que siempre se espera,
que, al entrar la primavera,
se acerca el cambio de hora,
     y estamos anonadados,
por las tardes hay más luz,
una hora más, ¡vaya cruz!,
¡una hora más encerrados!

     Me sobran gorros, chaquetas,
guantes, mochila, crampones,
las gafas de sol, bastones,
botas, guetres y raquetas,
     y hasta la crema solar
se está quedando obsoleta,
no hay rayos ultravioleta
y se me va a caducar;
     hay, sin falta, que buscar
alguna otra diversión
que ver la televisión,
y admito sin vacilar
     que, para los confinados,
no hay actividad más sana
que aplaudir en la ventana
por no estar tan encerrados.

     Bendita sea la aguanieve
que cayó en el Ventorrillo,
bendito sea el bocadillo
que se moja cuando llueve,
     bendita sea La Pedriza
que, aunque las piedras detestes,
mejor por zonas agrestes
que reclusión enfermiza.
     Mejor con lluvia y calados,
mejor fríos y ateridos,
mejor hartos y molidos,
mejor que estar encerrados.

     Es un tema de conciencia:
no salir, ¡que nadie vaya
ni a la sierra ni a la playa!,
es tiempo de penitencia,
     y el virus nos ha evocado,
que estamos en la cuaresma,
la actividad del GMSMA
—como todo— se ha parado
     por el virus del demonio.
¡Que se vaya a los infiernos!,
ni los «Miércoles Alternos»
ni «Miércoles con Antonio»,
     que por los hechos citados,
hoy nuestra organización
cambie su definición
a «Miércoles Encerrados».

Paco Cantos  25/3/2020

Lo dice el PRUG

Plan Rector Uso y Gestión, el PRUG, de aquí en adelante, decreto que, terminante, sacó la Administración, con especial atención —la sociedad lo reclama— de dotar de protección la sierra de Guadarrama. Pero leído el decreto, creo que estamos, ¿okey? —esto no es ningún secreto—, todos, fuera de la ley. Expongo a continuación algunas disposiciones que por nuestras aficiones nos incumben un montón: Al llegar a veinticinco deberemos, con decoro, esforzarnos con ahínco en rebajar el aforo, y en las zonas «restringidas» habrá, pues, que ser un lince con acciones atrevidas porque el límite es de quince; y lo dice el reglamento: no valen subdivisiones ni trucos, —¡cuánto lo siento!—,
como en otras ocasiones. Por las zonas de «reserva» se prohíbe caminar, y tus huellas en la hierba te podrían delatar. Además de Peñalara, hay más zonas restringidas, fuera de las permitidas, la multa puede ser cara. Si pernoctas en vivac, una noche sí podrás, el resto las pasarás al raso y con el coñac. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. El delito ya se fragua si dentro de una laguna de Peñalara, uno o una, mete la mano en el agua, y si tocas una rana, eso ya no es que esté mal, es que es una cosa insana: delito medioambiental. ¿Perros sueltos?, ¡no señor!, ni perseguir al vacuno por el equipo perruno; salvo el Bolo que es pastor. No alimentes animales, así que si ves al zorro que te pide, por el morro, comida, no le regales. Ni fotos ni grabaciones a nidos o madrigueras, pues sufren muchas presiones las alimañas y fieras. Mover señalización, poner o quitar un hito puede que sea delito, requiere autorización. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. Recoger alguna piña abierta está tolerado, mas cuidado con su estado, si está cerrada es rapiña. Esto me parece extraño: que recoger setas, ¡coño!, unas tan solo en otoño y otras puedes todo el año. Solo podrán coger moras vecinos empadronados; al GMSMA, pues, ¡señoras!, esto nos queda vedado. Tampoco piedras y rocas tú te las puedes llevar, podrían quedarnos pocas para poder escalar.
     Andando por el jaral
¿no te deja andar la jara?,
pues si alguno la talara, la multa sería brutal. En canchos y cantizales, por muy mágicos que sean, inscripciones y señales desfiguran y estropean. Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley. No hay que ser escandaloso porque el uso del silbato se castiga de inmediato; habrá que ser silencioso. Las noches de luna llena, linternas muy luminosas a luciérnagas nerviosas les pone, ¡caray qué pena! En La Pedriza los baños con firmeza se prohibieron, y ahora, después de tres años otros ríos le siguieron; el desconsuelo es notorio entre los que aman el baño, ni Venus, ni Purgatorio, ni Sócrates como antaño. Tirar cenizas de un muerto, ¡prohibido!, pero resulta que, ante este futuro incierto, dejo pagada la multa. Nos exigen sacrificios que nosotros aplaudimos: llevarse los desperdicios; ¡nosotros ya lo cumplimos! Esto no es ningún secreto, parecemos una grey; lo dice el PRUG por decreto, nos quemarán en la hoguera, porque estamos todos fuera, todos fuera de la ley.

Paco Cantos  14/3/2020

La cueva de Cueva Valiente

     Mis primeras excursiones
al puerto de los Leones,
recuerdos de adolescente;
Cabeza Líjar pasada,
alcanzó nuestra mirada
también a Cueva Valiente.

     Desde aquella expedición
rebosante de ilusión,
la sierra completamente
he visitado con creces;
desde entonces muchas veces
visité Cueva Valiente.

     Pero por varias razones
tras cuantiosas excursiones
y ascensos —curiosamente—,
nunca visité la cueva
cuya presencia da prueba,
del nombre Cueva Valiente.

     En San Rafael quedamos,
desde donde comenzamos
por la pista alegremente,
llamada del Ingeniero,
a finales de febrero,
subiendo a Cueva Valiente.

     Nunca es demasiado tarde
para hacer lo que te aguarde,
y así, merecidamente,
con la emoción que conlleva,
por fin visité la cueva
que existe en Cueva Valiente.

     Todos, pues, muy animados
entre pinos escarchados
por el hielo reluciente,
el paisaje contemplando
y haciéndonos fotos, cuando
vislumbré Cueva Valiente.

     Con hambre de cancerbero,
el bocata montañero
nos comimos ferozmente
siguiendo ya la costumbre,
en lo alto de la cumbre,
cumbre de Cueva Valiente.

     Finalizamos bajando,
al principio resbalando
y luego más suavemente;
no me cansé demasiado
ni se me hizo muy pesado
bajar de Cueva Valiente.

     Dime tú si me acompañas 
por las cuevas y montañas
a trotar valientemente
cuando el GMSMA nos lleva
primero a entrar en la cueva,
después a Cueva Valiente.

Paco Cantos  26/2/2020

La Pedriza sin piedras

Antonio nos convocó: «Excursión quinientos ocho»; ¿mentiría como Pinocho por lo que nos anunció? «... iremos a La Pedriza», —mal empieza la jugada, pues La Pedriza es cansada, sinónimo de paliza—, pero pronto lo arregló: «... no habrá piedras en la ruta, esta vez, sí se disfruta», porque otras veces cansó tanta piedra y tanta roca entre duelos y quebrantos, dirigiendo Paco Cantos, y gente, fue más bien poca. Cuando la convocatoria los gemesmeros leyeron muchos, pues, se lo creyeron; y pletóricos de euforia, vinieron ¡más de cuarenta! Con tantas facilidades… sin grandes dificultades… toda la tropa contenta. Comenzó así la excursión, sin pisar ningún guijarro; yo ya iba viendo el cotarro, pues en esa dirección subiríamos por las zetas, al punto más culminante de forma zigzagueante sin apenas agujetas; y al llegar a ese collado, collado de los Pastores, empezaron los temores —ya lo había imaginado—, pues numerosas pedreras encontraron nuestros pies al dirigirnos después al cerro de las Barreras, un roquedal puñetero que domina la cascada que forma el agua en bajada de lo alto el Ventisquero. Diferentes asistentes, sufrieron castigo eterno como Dante en el infierno, llantos y crujir de dientes, —¡Qué congojas, que agonías, vaya colosal paliza! —¡Estamos en La Pedriza!, ¿es que no lo suponías? Nos quedaba todavía llegar al cerro Ortigoso por terreno pedregoso, que así es esta orografía: áspera, dura y rocosa, mas poco tiempo después la notamos a los pies blanda, suave y esponjosa, cada vez más empinada, bajando hasta el Manzanares entre poblados pinares, por cuesta tan inclinada y descenso en demasía, que a la mañana siguiente me dolían, por la pendiente, los cuádriceps todavía. Pasamos La Charca Verde un sitio que fuera antaño una gran zona de baño, y gratis —que yo recuerde—, pero ahora los forestales con tres mil euros apañan a los bobos que se bañan en las charcas ilegales. Desde aquí, sin sufrimiento; con solo seguir el río llegaríamos, sin hastío, muy pronto al aparcamiento, y en lugar de por la pista volvimos por una senda que el GMSMA recomienda, ¡mucho más excursionista! La próxima de Pedriza no será descafeinada, ni será despedrizada, ni tampoco una paliza, al contrario, yo aventuro que divertida será, y la Pedriza tendrá todas sus piedras, ¡seguro!

Paco Cantos  12/2/2020

¡Contemplad todo Segovia!

  A El Dorado en Segovia, con ahínco,
nosotros acudimos veinticinco,
y esa jornada fue tan memorable
que os la voy a contar —es indudable—,
en versos reunidos de cinco en cinco:

Segovia, a seis de febrero
junto al ruedo del albero
los que somos de Alcalá
hemos llegado primero,
el resto ya llegará.
Tras bienvenida oficial
y el grupo bien retratado
—foto pa’El Adelantado—,
a San Antonio el Real,
primer lugar visitado,
fuimos todos en hilera,
y no tuvo gran misterio
tras una marcha ligera
—cinco minutos siquiera—
llegar a tal monasterio.
Su sala capitular,
su claustro y su artesonado
de forma rectangular;
allí se puede encontrar
patrimonio inesperado;
pueblan paredes y techos
armas, escudos y estrellas
y multitud de pertrechos,
Niños-Jesús contrahechos,
en las vitrinas aquellas.
Y de todas las clarisas
que este lugar ocuparon,
y en su capilla rezaron
sus oraciones sin prisas,
hoy tan solo tres quedaron.

Al salir del monasterio,
la hora del tentempié,
que consistió en un café
en un hotel algo serio
—ni siquiera un canapé—;
y en aquellos aposentos
Fernando nos obsequió
con una disquisición
sobre los enterramientos
en iglesias y conventos.

Dirigiéndose a destajo
Carolina, la anfitriona,
acueducto cuesta abajo
—¡vaya unas prisas, carajo,
si te paras te abandona!—.
Para ver su arquitectura,
nos dirigió con premura
al barrio de San Lorenzo
—¡a cansarme ya comienzo
de esta veloz andadura!—
Menos mal, que nos espera
la razón más importante
de esta mañana viajera:
el ansiado restaurante;
¡si te atrasas, comes fuera!

Tras el paseo andarín,
así comenzó el festín:
croquetas de tres sabores,
de espinacas, las mejores,
luego ensalada, y al fin
el dorado cochinillo
que apetitoso y crujiente
no se corta con cuchillo
sino a golpes de platillo
¡es algo muy sorprendente!,
y para finalizar
brownie, torrija o coulant,
eso nos puede engordar,
pero para adelgazar…
ascender, ¡ese es el plan!

¡La catedral nos espera!
Para subir a la torre
hay una inmensa escalera
que sus tres pisos recorre,
mas no la subes entera,
ciento noventa escalones
con tres pisos o jalones.
El primero con asientos
en estancia sin balcones
para ver las proyecciones.
El segundo es residencia
donde vivió el campanero
con toda su descendencia,
¡hay que ser aventurero
y tener gran resistencia!
La estrechura nos agobia
y un temblor involuntario
nos produce claustrofobia,
pero al ver el campanario
contemplas todo Segovia.
Hay diez campanas colgando
en enormes aberturas,
a cuatro puntos mirando,
desde estas grandes alturas,
al «veo, veo» jugando:

—Veo, veo.
—¿Qué ves?

Allá abajo muy cercano
el acueducto romano;
y a lo lejos fría y yerta,
aunque en muy distinto plano,
Peñalara y Mujer Muerta.

—Veo, veo.
—¿Qué ves?

Aunque ya no se ve el río,
en el hueco del Clamores
vemos un poco sombrío,
hoy todavía sin flores,
el cementerio judío.

—Veo, veo.
—¿Qué ves?

Para ver el impasible
Alcázar que mira al tajo,
aunque nos cueste trabajo,
y aunque parezca increíble,
¡has de mirar hacia abajo!

—Veo, veo.
—¿Qué ves?

Hacia el Parral miras, pues,
y a los pies de estas campanas
todos los tejados ves
de las casas segovianas
con las tejas del revés.

    El grupo estaba contento por el acontecimiento. —A bajar por la escalera. —¡Pues, menuda nos espera, otra vez más sufrimiento! Tras la bajada infernal, una visita liviana por toda la catedral, le puso el broche final a la excursión segoviana. Serían razones innecesarias añadir aforismos y estribillos, mas, no existiendo opiniones contrarias, por esta vez, en lugar de sicarias, otorgaremos cinco cochinillos.

Paco Cantos  6/2/2020

La Cabrera ¿o el cabrero?

     Esta vez fue la tercera
vez, que yo contorneara
la sierra de la Cabrera,
peña de granito y jara
escarpada y altanera;
     otras veces soleada,
mas esta vez la neblina
impidió a nuestra mirada
ver de lejos casi nada
del entorno que domina.

     Por el pueblo comenzamos
camino de San Antonio,
aunque esta vez no pasamos,
y por tanto nos quedamos
sin mirar el patrimonio
     que conserva este convento,
un grande descubrimiento
que en dos veces visitado,
su paz y recogimiento
nuestro grupo ya ha admirado.

     Lo siguiente fue asistir
a un poblado visigótico,
mas os digo sin mentir:
solo vi un montón caótico
de piedras sin construir.
     El cerro de la Cabeza,
fue lugar del refrigerio
tomado con ligereza,
discutiendo con criterio
sobre decir juez o jueza.
     Se suscitó un gran debate
sobre sexo del lenguaje,
si es lógico o disparate,
si es mensaje o es montaje,
—que alguno nos lo constate—;
     si la fiscal es fiscala,
la concejal, concejala,
cuando se trata de hembra
¿deberá decirse miembra?
¿y se llamará Pascuala?
     Y yendo por la Cabrera
comentando la manera
de palabreo abusivo
con que el lenguaje inclusivo
a veces nos desespera,
     digo yo, que considero
que igual que la primavera
viene después de febrero,
además de la Cabrera
hubo también un cabrero.

     Esta vez los cinco ¿perros?,
no es que quiera daros guerra,
mas si el lenguaje no yerra
ni yo me voy por los cerros:
cuatro perros y una perra
     con sus amos y sus amas,
trotaron harto felices
tras conejos y perdices,
entre jaras y retamas,
     por las pedrizas aquellas
en que tras unos resuellos
se marcharon las estrellas
fugaces, y además de ellas,
se marcharon los estrellos.

     La vuelta se emprendería
por el norte de la cuerda:
a derecha crestería
y el barranco por la izquierda,
     rodeando las aristas
por los caminos previstos.
Vimos dañando las pistas
—digo yo— dos motoristas,
quizá fueran motoristos.
     Al pasar el punto aquel,
por el collado de Alfrecho,
ya solo quedaba un trecho
hasta el pico de la Miel
     que subir no aconsejaban
la intensa niebla y el hielo;
nuestro único consuelo:
las birras nos esperaban.

     Se terminó la proeza
con torreznos y cerveza,
senderomagos galantes,
senderomagas radiantes,
y al final ¿fue juez o jueza?
     Senderistas, senderistos
motoristas, motoristos
senderomagos y magas,
repeticiones aciagas
para los vocablos mixtos,
     que el machismo o feminismo
no está en el vocabulario
es algo más voluntario
del interior de uno mismo.

     No sé si me atrevería
a recontar las sicarias
porque sicarios no habría
y alguna me acusaría
de intenciones arbitrarias;
     perdonad mi intromisión,
quizás me pase de listo,
pues esta no es mi misión;
que valore la excursión
la cronista... o el cronisto.

Paco Cantos  15/1/2020

Resumen de 2019

     Me dijeron: «¿Quién se atreve
a elaborar una breve
narración de las acciones
hechas en las excursiones
de este dos mil diecinueve?»
                   
     Si vale cualquier formato,
aunque no soy literato
ni compongo maravillas,
un resumen en quintillas
yo lo escribo de inmediato.

     Y así, sin interrupciones,
os expongo sin engaño
las que son, sin digresiones,
para mí, las  excursiones
más importantes del año:

     No ha sido un año de nieves;
utilizar los crampones,
los guetres y los bastones,
en ocasiones y breves;
¡ya no nieva en condiciones!

     Ha habido algún aguacero
sobre todo, aquel de enero,
aunque siendo de Alcalá,
para acudir considero
primero si lloverá.

     Además de senderistas
hemos sido piragüistas,
espeleólogos audaces,
alguna vez caballistas
y gastrónomos voraces.

     Ordena la tradición
empezar la temporada
con la clásica ascensión
al San Pedro en procesión,
y la norma fue observada.

     También ha habido otros planes
a alguna zona especial:
Córdoba con sus sultanes,
Islandia con sus volcanes
y el Esgueva natural.

     Y en cuanto a gastronomía
cosas más gratificantes
que la bocadillería:
nadie nos impediría
ir a buenos restaurantes.

     Hacer caminos lejanos
por las  tierras de Segovia
nos atrajo parroquianos
—conste que no tengo fobia—
cada vez más segovianos.

     Al menos una docena
de excursiones veraniegas,
nocturna con luna llena,
y baños con los colegas;
¡la canícula fue buena!

     Hubo un heroico cuñado
que atrevido se arrastró
sobre el hielo congelado
de un pequeño lago helado
y el móvil le rescató.

     Visitamos la Pedriza,
para muchos demasiado
porque les aterroriza,
para mí un poco mermado,
pues la «Pedri» me hipnotiza.

     Nos recorrimos sin fin
de La Granja a Valsaín,
de la mano de Rosana,
que se volvió con desgana
a su entorno mallorquín.

     Las clásicas  excursiones
plagadas de sensaciones
al valle de la Fuenfría,
al del Lozoya, al Cambrones
y también a Navafría.

     Ángel siempre «adelantado»
y Marcos con sus dibujos
en foto o en ilustrado
en papeles han mostrado
nuestra imagen sin tapujos.

     Calculados los recuentos
de todas las excursiones
tenemos que estar contentos;
según las estimaciones,
ya pasamos de quinientos.    

     En fin, estas y más cosas
hicimos en este año,
y aunque nos parezca extraño,
aun por zonas escabrosas,
casi nadie se hizo daño.

Paco Cantos  1/1/2020

Mina de las Cortes y Senda Herreros

  La excursión tuvo su inicio
a tres días del solsticio
de invierno —no es nada extraño—,
un miércoles muy propicio
para terminar el año.
  La previsión auguraba
niebla, frío y ventarrón,
mas fue una equivocación,
ya que no nos anunciaba
darse térmica inversión.
  ¡Vaya un día más pachucho!,
seguro que llueve mucho.
—No sé si a los de Alcalá
esto nos convencerá,
quizá nos dé un arrechucho—.

  Mandó nuestro comandante
convocatoria oficial
justo en la Fonda Real,
que hoy es solo un restaurante,
mas nombre tan rimbombante
  fue debido a una memez,
pues con toda rapidez
se hizo famoso el recinto
porque el rey Felipe V
allí pernoctó una vez.

  Al salir, por consiguiente,
tomamos directamente
la ruta que por en medio
sin saltar, cruzando un puente,
atraviesa el Navalmedio,
  y ascendiendo por el río,
siguiendo la margen diestra,
nos entró un escalofrío
ante un nuevo desafío:
la cornamenta siniestra
  de una vaca en el camino.
Vito y Twiter dan ladridos,
y con instinto asesino
la siguen enloquecidos.
Cambio de tercio canino,
  y con una revolera
Mecha se mete en faena
con el astado en la arena.
¡Que le den una montera
a esa perra tan torera!
  Kiro se nos viene arriba
y la vaca que se agobia
se vuelve un poco agresiva,
¡Que le den la alternativa
en el coso de Segovia!
  Cambio de tercio y pitada,
pues la vaca mosqueada
a todos los gemesmeros
nos confundió con toreros
provocando la espantada.

  Tras un ascenso empinado
y una trepada cansina
por una senda anodina,
hubimos por fin llegado
a la boca de la mina,
  y aunque hay cosas más modernas
para no llevarse un fiasco
unos fueron con linternas,
y algunos hasta con casco
para explorar las cavernas.
  ¿Y dentro, qué es lo que había?:
una cueva muy vacía
murciélagos, unos cien,
y al fin de la galería
hubo un portal de Belén.

  Seguimos por la ladera,
atravesamos la vía
un poco más todavía,
y sacamos la tartera,
en una zona algo fría,
  y de la niebla hubo que
poner los culos a salvo
en tomando el tentempié,
aun siendo solo un café,
justo en el collado Albo.

  Por la cuerda remontamos
a la Pimpollada Negra,
el sol al fin contemplamos
y de la niebla escapamos
—lo que siempre nos alegra—,
  y al volver la vista atrás
vimos algo fascinante
la mejor vista, y quizás,
algo tan impresionante
que no olvidaré jamás,
  pues la térmica inversión
hace que según más subes
se despeja la visión
y abajo un gran mar de nubes
cubre toda la extensión.

  El volver no fue sencillo:
roquedales puñeteros
siguiendo la Senda Herreros
hacia el Hoyo Terradillo,
comienzo del río Pradillo;
  y si por estas pedrizas
la subida es muy cansada
más perversa es la bajada
por rocas resbaladizas
—un traspiés y te deslizas—.
  Seguimos el río Pradillo
hasta cruzar Camorritos
iba el río crecidillo
y no vimos puentecitos,
¡hay que saltar, señoritos,
  y el torrente no se aplaca!
Saltamos sin alharaca
y ninguno se mojó,
pero más de uno cayó
sobre una caca de vaca.
  Nos quedaba, por un prado,
pasar un breve collado,
sobrepasar sin remedio
la presa de Navalmedio,
y veríamos alcanzado
  nuestro destino final
por caminos principales,
dos kilómetros, total,
sin cuestas ni pedregales,
hasta la Fonda Real.

  A mí en nada me compete
poner nota a la excursión,
que el cronista la interprete
y dé su propia opinión,
en eso nadie se mete,
  pero me estoy preguntando:
¿pensando y considerando
qué bien nos fue la excursión,
será buena puntuación
la que le pondrá Fernando?

Paco Cantos  18/12/2019

Quinientos días juntos

  Se me antoja que fue ayer
cuando el GMSMA empezó,
pero una suma arrojó
que el grupo tiene en su haber
  ya quinientas excursiones;
cuatro mil trescientos días
no son fanfarronerías,
¡doy mis felicitaciones!
  Mas pensando que no hay quien
todas pudiera contar,
bien se podría intentar
contarlas de cien en cien:

  La cien tuvo la prudencia
de explorar el río Aulencia,
fue una animada excursión
sin dolores ni agujetas,
y se hicieron camisetas
como conmemoración.

  La doscientos, sin encantos,
se realizó entre dos santos:
San Pedro a San Agustín;
recorrido interminable,
y un calor inenarrable,
aunque terminó en festín.

  La trescientos fue rareza,
una difícil proeza;
una excursión mochilera
de ocho valientes cofrades,
allá por las Merindades:
subir el Castro Valnera.

  La cuatrocientos, festiva,
desde el Pontón de la Oliva
a Cueva del Reguerillo,
que no nos dejó perplejos
como los Enebralejos,
porque entrar no era sencillo.

  Por fin llegó la quinientos
que entre buenos sentimientos
y rodeados de pinos,
la preceptiva excursión,
la comida y el fiestón
se celebró en Peguerinos.

  Hubo, además, muchas otras excursiones
de las cuales solo algunas citaré
tantas hazañas y tantas emociones
son un recuerdo que nunca olvidaré:

  Nos causó bastante pena
esa historia del Pino de la Cadena.

  Sin duda lo más  morboso
fue visitar el Azud del Tenebroso.

  No se oyeron muchas quejas
al subir el Callejón de las Abejas.

  Por poco, de aquel recinto
nos quedamos sin salir, del Laberinto.

  Algo muy impresionante,
fue cruzar el Cuchillar del Asomante.

  Habría sido una imprudencia
torear en el redondel de Canencia.

  Singular y bien notorio,
descender las Cascadas del Purgatorio.

  Estuvimos muy atentos
al ver la Piedra Escrita de Cenicientos.

  La escalera chapucera
que permite el paso de la Cagalera.

  Repetiría la proeza
de visitar la fábrica de cerveza.

  Del Diablo tan listillo
vi su puente, carro, ventana y colmillo.

  Aquella lluvia mezquina
que nos cayó en las hoces de Pelegrina.

  El rayo que causó estrago
y susto del Picazuelo de Buitrago.

  Roca bastante curiosa
la del Dinosaurio de la Maliciosa.

  No tenía cognición
de que el tal Pacheco tuviera un Cojón.

  ¡Cuidado!, te descalabras
al escalar por la Ruta de las Cabras.

  Con tres mil euros te apañas
si a los Baños de Venus vas y te bañas.

  Un lugar espiritual,
Jarama y Monasterio de Bonaval.

  Ni bares ni botellón,
que es para andar la Ruta del Boquerón.

  Toda de nieve cubierta,
la silueta yerta de la Mujer Muerta.

  Cárcavas de Burujón,
que me gustaron más que las del Pontón.

  Nocturnas con luna llena,
con más invitados que en una verbena.

  A la Maliciosa Baja
en frío, ninguna excursión aventaja.

  Las chorreras del Hornillo,
los Litueros, San Mamés, ¡vaya fresquillo!

  Al Valle de los Caídos
nos colamos, pero fuimos sorprendidos.

  Que alguien me lo recuerde:
¡No parar en el Puerto de la Cruz verde!

  La aventura temerosa
de explorar el búnker de la Marañosa.

  Les pareció el más allá
pasearse por los cerros de Alcalá.

  Llegar al Balcón Prohibido,
la mayor transgresión que hemos cometido.

  Remar nos gustó un montón
en Buitrago, Picadas y el Duratón.

    Y hasta aquí resumiría
unas cuantas excursiones,
que aunque las hay a montones,
contar todas, no podría.

  ¿Cómo expresar la quinientos
hablando con precisión?
quingentésima excursión,
y así todos tan contentos,
  pero más nos gustaría
con aire bien juvenil
llegar a cumplir las mil:
la milésima sería.

Paco Cantos  4/12/2019